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Cuando hablo de Software Libre no lo hago desde la perspectiva de quien encuentra practicidad y confianza ante un código accesible y corroborable, sino desde el punto de vista de quien encuentra en las cuatro libertades esenciales de un programa un arma con la capacidad suficiente de proporcionar seguridad a quien la porta y temor a aquellos que atentan contra él. En términos más claros, mi visión acerca del software -y de la tecnología en general- es tan radical y terca al mismo tiempo que no temo ser considerado una especie de "fascista del software".
Últimamente ha surgido una estirpe de parasitos tecnológicos que tratan de "revolucionar" e "iluminar" a un extenso e ignorante séquito de adormilados no más inteligentes que estos falsos gurus de la Edad del Silicio. Hablan sobre Bitcoin y cripto pero demeritan o evitan mencionar a Monero, única criptodivisa real existente; hablan sobre IA y productividad pero evitan hablar sobre el complejo juego de control, vigilancia y dependencia que el Tecno-Leviatán feudalista ejerce sobre un importante grueso del total de usuarios.
Tienen entre sus íconos sagrados a la casta feudal de Silicon Valley y, tanto si lo quieren como si no, forjan con su wokismo tecnológico un mundo de ataduras digitales y dioses oscuros cuyos refugios son nubes tenebrosas de datos en remolina. La Big Data es en realidad un Limbo-Infierno con capacidad crítica de manifestación que ya no sólo se límita a las fronteras digitales, sino que traspasa las barreras del mundo material y, de paso, realiza ataques en contra de su cultura y de la naturaleza.
Es pues, importante en demasía, ser radicales y resistir, que al fin y al cabo, las herramientas y las advertencias se nos han sido dadas. Para aquellos que oyen el mensaje y lo aceptan, se pueden contar entre los nuestros; pero si en cambio hay quienes oyen el mensaje, ven las pruebas y aun así se rehusan a unirse a nuestra causa, entonces deben ser contados sin distinción entre los muchos enemigos de La Verdad. Ya les digo yo que habrá muchos ciegos y sordos cuya condición, a pesar de haber sido otorgada por el sistema, lucharán para proteger al mismo.
Pero donde se nos interpone un escudo debe aparecer nuestra hacha, porque ya advierto que el enemigo no es piadoso y, por ende, tampoco debe serlo nuestra causa. Debemos de plantarnos con firmeza y hacer frente a las hordas de la serpiente, pues son desde el confin de los tiempos nuestros enemigos naturales. Hoy son dueños de las grandes tecnologías y de los más avanzados mecanismos digitales presentes, conocidos y desconocidos; pero no son tantos como lo somos nosotros y su moral es infinitamente inferior a la de nuestra causa.
Sus clausulas privativas y sus vacíos legales no son más fuertes que la voluntad humana y la fortaleza de la cooperación; sus oscuros entramados de código no son más dinámicos que el apoyo mutuo y el espíritu de libertad que arde en programadores y usuarios. Por ello, tú que lees esto, debes despertar del sueño, debes aprender a distinguir lo aparentemente real de lo verdadero, debes ser capaz de identificar al enemigo a tiempo y erradicar su presencia. Esas serpientes zionistas, capitalistas y opresoras buscan por cualquier vía someternos y hacernos creer que nuestra esclavitud es parte de un poder superior establecido, sin embargo la Edad del Silicio, iluminada por soles oscuros, ha de llegar a su fin, ya sea por medio del hacha de acero o de aquella forjada por unos y ceros.
¡KA NAMA KAA LAJERAMA!